Cuando al fin me hallé tranquila y pensante,
cayó sobre mi el peso de un alma irrazonable.
De amor, no ama, pero el capricho empuja y esconde
su alma, su querer.
Quiero que me diga que me ama,
quiero que abra con esa dulce llave llamada egoísmo
las puertas del sentirme menos mal.
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