sábado

De otro, quizás de otro

Las emociones dormidas, desgarradoras y corruptas, se ocultan en cada uno, parte del desamor trata de eso (recuerdo). Si, recuerdo. El despecho, la soledad autoinfundida y la mediocridad en que caí. No culparé a nadie más que a mi misma, me es imposible describir fidedignamente en palabras cosas tan básicas del ser  como el deseo, la curiosidad y las concecuencias.   El no me dejó, yo le rehuí, el otro (si, el otro), ese ser que entre maña y plática, reberbera en mi propia mente, ese hombre que con elocuencia, con sinceridad y amistad, se deja dominar por curiosidad, deseo, soledad o el mismo despecho. ¿Como explicar lo inexplicable? El morbo me indica seguir con mi discurso, describir cada uno de mis actos, impunes aún, como él, quién se halla a sus anchas y reinicia. Se que por las noches o en su tiempo libre, fantaséa con cosas que no llegaron a consumarse, pero se que también el lo hizo de soledad, y que aunque piensa en mi, sueña con tantas otras, mujeres etéreas, no terrenales como yo.  ¿Fue placentero? todo en la vida es placentero, de eso se trata la belleza de lo estético, pero fue algo tan corrupto, tan sucio, que ni Bukowksi podría apreciarlo, cuando conoces el amor y la pureza de un deseo, cambias radicalmente, una caricia de hombre no es solo eso, es un objeto de estudio plurisignificativo.



(Este es una de esas cosas que marcan nuestro accionar para siempre)

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